Entrevista a Luis Galván, campeón mundial con la selección argentina en 1978.
Por Marcos Calligaris

Luis Adolfo Galván brilló en Talleres de Córdoba a finales de los ’70 e inicio de los ’80. Pasó también por Belgrano, aunque principalmente posee en su haber el privilegio de haberse coronado campeón mundial con la selección argentina en 1978.

Santiagueño de nacimiento y cordobés por adopción, Galván fue una pieza fundamental de la gloriosa selección de Menotti integrada por Kempes, Fillol, Passarella, Ardiles y Tarantini entre otros.

Hoy, desde su escuela de fútbol nos habla del significado de un mundial para un jugador. Sus anécdotas, sus miedos y su pálpito para Alemania 2006.

 

¿Cómo evaluás tu paso por la selección del ‘78?

El jugador de fútbol, como cualquier persona que elige una profesión, tiene muchos sueños. En mi caso siempre anhelé jugar en un club grande y una vez que llegué en un club importante, ambicioné obviamente jugar en la selección. En mi caso particular, fui cumpliendo todo paso a paso. Y por supuesto, cuando llegué a la selección, sentí que había cumplido los objetivos que me había planteado en un principio.

¿Cómo vivís el hecho de ser campeón mundial, teniendo en cuenta lo que significa el fútbol en nuestro país?

Cuando uno deja de jugar, cae más en la cuenta de que ha tenido una gran posibilidad, y que muy pocos la tienen. Lo digo como hombre del interior, que muchas veces nos vimos relegados en la selección nacional. Ganar el mundial fue mucho más de lo que había pretendido o hubiera soñando, pero claro que fue un camino arduo y difícil.

¿Hay algo parecido en cualquier ámbito de la vida, a dar la vuelta olímpica en un mundial de fútbol?

Mirá, en la vida te pasan cosas muy lindas e incomparables. Te puedo mencionar el hecho de tener una familia, el nacimiento de un hijo como otros tipos de alegrías, pero fueron muy distintas. En el caso del fútbol, le dimos una alegría muy grande a la gente y eso es increíble; en cuanto a los logros familiares, los vivimos con mucho orgullo en el núcleo familiar. Son cosas distintas, pero que me llenan de orgullo y felicidad.

En el medio de la ansiedad de tanta gente, ¿Cómo vive un jugador los días previos al comienzo del mundial?

Sinceramente se vive con muchísimos nervios. Llega un momento en que tomás verdadera dimensión de lo que representa jugar un mundial para este país. En ese torneo te ve todo el mundo, sentís la presión de que una mala actuación tuya puede generar una jugada decisiva. Se te cruzan miles de cosas por la cabeza. Por supuesto, también pensás en lo mejor, como ganar un partido o el campeonato, pero sentís mucha ansiedad y cuesta muchísimo conciliar el sueño por las noches.

¿Que aspecto considerás vital para el éxito de la selección?

Principalmente la unión del grupo. Si analizás a cualquier equipo campeón, te vas a dar cuenta que tenían un grupo fenomenal. Es fundamental el apoyo de cada integrante, juegue o no juegue, para lograr el éxito

¿Qué anécdota se te dispara rápidamente si pensás en el mundial del ’78??

Me sucedió algo muy curioso con respecto al técnico. Yo empecé mi carrera en un lugar de Santiago del Estero, y en el año ’65, Boca fue a jugar a mi ciudad. Yo jugué para el club santiagueño y lógicamente, uno de los integrantes de ese Boca era nada menos que Cesar Menotti. Yo nunca le conté nada de que lo había enfrentado en aquel partido, incluso tampoco se lo dije cuando fue mi técnico en la selección. Finalmente hace pocos años me acerqué a un hotel de Mar del Plata donde estaba concentrando con Boca y le mostré una vieja revista. “¿Cómo no me comentó nunca de este recorte?” me dijo. Le respondí que nos iban a hacer más viejos de lo que somos. (Risas)

¿Le tiene fe a la selección para Alemania?

Hay que ver como llegan los jugadores, tanto física, como mentalmente. Creo que de jugadores como Riquelme, Aimar y Mascherano depende el buen funcionamiento del resto.

Pero yo les tengo mucha confianza a los jugadores. Y no te olvides de una cosa, los ex jugadores somos los hinchas número uno de la selección.