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Yann Tiersen: “Siempre admiré a Piazzolla”

Yann Tiersen

Por Marcos Calligaris

“Yo no hago música para los franceses en particular”, asegura Yann Tiersen, el multi-instrumentista nacido en la región francesa de Bretaña. “Más cerca de las islas anglosajonas que de la misma Francia”, agrega. Sin embargo, más allá de su simpatía por lo anglo, en 2001 saltó a la fama mundial por el célebre soundtrack de ‘Amélie’, una de las películas francesas más taquilleras de todos los tiempos.

Curiosamente Tiersen no compuso sus obras pensando en el film de Jean-Pierre Jeunet. “La banda sonora del film estuvo compuesta en un 90 por ciento por piezas de mis tres primeros discos”, explica. Pero le fue basta para convertirse en un músico de culto y el gran público comenzó a conocer su obra. Dos años más tarde -ahora sí a consciencia- compondría la banda sonora de ‘Good Bye, Lenin!’, un acertado trabajo melódico para el film de Wolfgang Becker.

En el medio, este expreso admirador de Serge Gainsbourg y Astor Piazzolla, comenzó a girar por Europa y el mundo combinando estilos y géneros que basculan entre el minimalismo y el vanguardismo.

Siempre lleno de amigos y colaboradores sobre el escenario, sus discos no han sido una excepción. Desde su debut con ‘La valse des monstres’ en 1995, hasta su reciente ‘Dust Lane’, ha trabajado con una acuarela de talentos como Dominique A, Claire Pichet, Neil Hannon, Shannon Wright, Liz Fraser y Matt Elliott, en una lista que se vuelve inagotable.

A punto de cumplir 40, Yann Tiersen hace un alto en su gira para un diálogo previo a sus presentaciones, el 19 y 20 de mayo en el Samsung Studio de San Telmo.

¿En qué momento de la gira te encontrás?
Estamos actualmente de gira por Estados Unidos, México, Alemania y algunos países del este, antes de volver a América Latina.

Pasó casi una década del estreno de ‘Amélie’, ¿cómo analizás hoy aquel éxito que te lanzó a la fama en el mundo entero?
La banda sonora del film estuvo compuesta en un 90 por ciento por piezas de mis tres primeros discos. El hecho de tener tanto éxito con piezas que databan de seis años antes de la salida del film, lo convirtió en una buena compilación para acceder a mí música.

¿Por qué creés que tu música ha podido superar los límites de Francia?
Yo nací en Bretaña, una región cuya cultura está más cerca del oeste, es decir, más cerca de las islas anglosajonas que de la misma Francia. De ese modo, Francia es un país más entre los otros y yo no hago música para los franceses en particular.

¿Hay algún cantante de la chanson française que te haya generado algo especial?
En general, no me gusta la chanson française, a excepción de Serge Gainsbourg y de algún artista como Dominique A.

¿Tenés preferencia por algún instrumento a la hora de componer?
Yo considero los instrumentos como un medio para encontrar nuevas ideas y la verdad es que no tengo un instrumento favorito.

Las Ondas Martenot le dan un toque particular a tu música ¿cómo decidiste incluir este instrumento en tus discos?
Es un instrumento que me fascina desde la infancia. Hace 10 años me encontré con Christine Ott y la invité a tocar con nosotros en el escenario. Pero para mi último álbum me interesé más por el sintetizador analógico y Christine Ott no forma parte de la gira, ella se está dedicando a su álbum solista. Ahora toca con nosotros Lionel Laquerriere.

Trabajaste junto a músicos como Dominique A, Françoiz Breut, Les Têtes Raides, Sacha Toorop, Natacha Regnier, Christian Quermalet, Marc Sens, Christine Ott y Claire Pichet, entre otros. Es una permanente búsqueda de aportes artísticos…
Me nombraste a los franceses, pero también he trabajado con gente como Shannon Wright o Liz Fraser, la voz más bella que conozco. Recientemente trabajé con Matt Elliott.

¿Cuál es la importancia de viajar para crear música?
Viajar abre el espíritu y por consecuencia, la música.

¿Qué disfrutás hacer cuando no estás con la música?
Me gusta estar con la gente que quiero, me gusta vivir y la música forma parte de mi vida.

Si no fueras músico, ¿qué serías?
Un vagabundo.

¿Cómo promocionarías tu nuevo trabajo discográfico ‘Dust Lane’?
‘Dust Lane’ es el álbum que soñaba hacer desde el principio. Es un álbum acústico y eléctrico a la vez y hay coros en todos los temas.

¿Hay algún músico argentino que te genere algo especial?
Sí, siempre admiré a Astor Piazzolla.

Ya estuviste tocando en Argentina, ¿qué expectativas te genera este regreso?
El concierto de 2007 en Buenos Aires fue increíble, por lo tanto esperamos con ansiedad este regreso

El regreso tiene fecha y lugar. Es el 19 de mayo en San Telmo. Allí el bretón tomará contacto con su público argento, que lo espera con ansias.

Ping-Pong francés


Canción preferida para despertarte.
‘Rococo Zephyr’, de Bill Callahan.

Un álbum para irte a dormir.
‘Ladies and gentlemen we are floating in space’, de Spiritualized.

Un film en el que te hayas inspirado.
‘Elephant’, de Gus Van Sant.

Mejor libro para leer en un bar.
‘Trópico de Cáncer’, de Henry Miller.

El grupo preferido para bailar en tu cuarto.
Animal Collective.

Mejor compilado para una lluviosa tarde de domingo.
Lift to Experience.

Artista preferido para tener en tu Ipod.
The Electric Prunes.

Álbum preferido para escuchar en el auto.
‘American III: Solitary Man’, de Johnny Cash.

Tu canción preferida.
‘Some Velvet Morning’, de Lee Hazlewood y Nancy Sinatra.

 

La cita

Miércoles 19 de Mayo a las 22:00 hs.
Jueves 20 de mayo a las 22:30 hs.
Samsung Studio
Pasaje 5 de Julio 444, San Telmo.

* Entrevista publicada el 16 de mayo de 2010, en el diario La Voz del Interior.
http://vos.lavoz.com.ar/content/yann-tiersen-%E2%80%9Csiempre-admire-piazzolla%E2%80%9D-2

Dyango: “He imaginado a Cataluña independiente”

Por Marcos Calligaris

Suena Miles Davis en un bar de la Cañada de Córdoba. Son las notas de Blue in Green, un estándar del trompetista de Illinois, cuya autoría es también adjudicada a Bill Evans por algunos eruditos del jazz. Prefiero pensar que la compusieron juntos, con una copa de por medio y en algún bar como en el que espero a José Gómez Romero.

José Gómez Romero también es trompetista, toca el violín y es un enamorado del jazz. De hecho su iPod rebosa con música del género, aunque también le gusta intercalar con tangos y música clásica.
Pero tanto ha influido el jazz en su vida que tras enamorarse de la música del Quintette du Hot Club de France, decidió dar a luz a su alter ego, y lo nombró como el líder de aquella formación: Django Reinhardt.

José Gómez Romero se convirtió en Dyango, con una y griega para colaborar con la fonética española. La trompeta fue quedando en el olvido y su leitmotiv pasó a ser la melodía romántica. “Lo romántico nunca va a pasar de moda”, me dirá más tarde.

Lo veo venir. Mientras se acerca sonriente recuerdo a mi madre cantando Corazón Mágico, (¿quién no tiene una madre que no haya tarareado Corazón Mágico?).
También lo recuerdo interpretando aquel dúo junto al Polaco Goyeneche. Nostalgia de las cosas que han pasado…
Se sienta a mi lado.

Hace unos días el diario Clarín consultó a través de una encuesta “¿Cuál es tu ‘gallego’ más querido?”, y figurás entre los primeros cinco, sólo superado por Serrat, Sabina, Banderas y Torrente…
“¿En serio?”, pregunta Dyango con la sorpresa dibujada en su cara.

En ese momento irrumpe en la entrevista su manager -que nunca se despegaría de nuestro lado- y me pide más precisiones.

“¿Quiere decir que Dyango figura por delante de Raphael, Julio Iglesias, Bardem, Almodóvar y Miguel Bosé? ¿Sabés qué?, se lo ha currao (‘ganado’, en la acepción ibérica del término) durante 45 años”, asegura el hombre y agrega: “Lo que pasa es que Dyango ha venido durante muchísimos años seguidos a Argentina, incluso cuando aquí no había nada de plata”.

“Esa es la puta realidad, me lo he currao como un negro. Serrat también se lo ha currao,” dice Dyango a las carcajadas, con esa inconfundible voz ronca.

— ¿Qué tomás?—, me pregunta Dyango.
— Brandy, le respondo, señalando al mozo del bar que ya encaraba como un toro hacia nuestra mesa con un pedido que le hice momentos antes. (¿Qué mejor que entrevistar a Dyango con un Brandy, para entrar en calor?, pensé.)

Su manager interrumpe nuevamente: “¿A quina hora hem d’anar avui?”
Dyango me mira con una mezcla de resignación y picardía, y abre sus brazos con las palmas hacia arriba: “¡Otro asado! Tenemos otro asado hoy”. Y termina de ponerse de acuerdo con su manager: “Ocho y media. Ok. Ocho y media”.

Ella em va estimar tant  / Jo me l’estimo encara.”, digo tartamudeando, haciendo alarde de lo único que soy capaz de pronunciar en catalán.

Plegats vam travessar / una porta tancada”, replica Dyango sutil, con fina entonación y elogio incluido para Serrat: “Qué bonita canción”.

Tenés una elogiada versión de Paraules d’amor…
Sí, la he cantado. Fue un homenaje para un compañero, más que un compañero, un amigo intenso. Eso es Serrat para mí. Cuando le hice el homenaje…

“¡Pero que no es Brandy eso!”, vuelve a interrumpirnos el manager. El mozo acaba de dejar la botella que le encargué y suscita una pequeña discusión. (Yo me quedo con Serrat en la punta de la lengua y asisto a un interesante duelo).

Manager: ¡Que no es Brandy eso!
Dyango: Eso es coñac…
Manager: ¡Que no es coñac, es un Grand Marnier! ¡Que eso se usa para los postres!
Mozo: (Con tono sobrador) El que conoce de bebida, viendo la botella se da cuenta de que eso es Brandy…
Manager: (Con tono de especialista) Que eso no es Brandy, te digo. ¡Por favor! Es de color naranja, el Grand Marnier es de color naranja.

(Sentí algo de pena por el mozo… ¡Discutirle la autenticidad de un Brandy a Dyango! Uno no sabe con quién puede cruzarse en la vida.)

Dyango bebe un sorbo y me mira. Siento que le debo una explicación.
“Esta noche quiero Grand Marnier para entrar en calor”, digo para zafar.
Dyango sonríe y la deja pasar. “¿Dónde habíamos quedado?”, pregunta y al instante se responde solo: “en Serrat”.

Son amigos me decías…
Sí. Te contaba de la amistad que tengo con Serrat. Para empezar, somos del mismo barrio, el Poble-sec, en Barcelona. Hemos jugado juntos al fútbol…

¿En el Barcelona?
Sí, ahora somos viejos ya, pero jugamos en el Barça. Cuando se retiran los jugadores del primer equipo, hay un grupo importante de jugadores (Agrupación Veteranos – FC Barcelona) que organiza partidos y nos han dejado jugar siempre. Te podés imaginar cómo jugaban ellos y cómo jugábamos nosotros, pobrecitos…

También me hablabas del día que le hiciste un homenaje a Serrat…
Sí, como se trataba de un homenaje, empecé diciendo lo siguiente en catalán:
“Siempre se ha dicho que la mejor canción de amor de toda la historia de la música es Ne me quitte pas, de Jacques Brel, pero yo sencillamente puedo decir que para mí la mejor canción de amor que se ha escrito, la escribió mi amigo Joan Manuel y es Paraules d’amor”.

¿Qué es lo que más te llega de la canción?
Esa nena de 15 años que nunca sabrá si era ella… Es maravillosa.

Con “Som més que un club”, el Barcelona también tiene su homenaje de tu parte…
Sí, es un himno, el segundo himno del Barcelona, un himno de amor.

“Cantarte es cantar la nostra vida /   l’avi a la graderia de Les Corts
la samarreta que el Reis em portaren / l’intercamvi de cromos de jugadors (…)”

Dyango comienza a entonar el himno de su autoría, el que entonan miles de catalanes cada vez que el Barcelona les da una alegría. (El señor de la mesa del lado parece haber reconocido a Dyango por su voz y sin dejar de mirarlo de reojo manda mensajes de texto vaya a saber a quién).

El catalán sigue entusiasmado (Grand Marnier en mano y ante la mirada atenta de su manager) cantando el himno al Barcelona. “Escuchá, luego viene el estribillo”, me dice:

“Som més que un club / tant si es vol com si no es vol / Som més que un club”.
Y me lo traduce: “Somos más que un club, tanto si se quiere, como si no se quiere”. “Esa parte va para el Real Madrid”, aclara como si hiciera falta.

¿Fuiste a ver la última final del Barça con el Real Madrid?
No pude, porque estaba de gira. Pero creo que el Barcelona está dando una lección de futbol.

¿Creés que es el mejor equipo de la historia?
En principio es el mejor equipo que ha tenido el Barça. Y te voy a dar una opinión muy sentida, para mí es el mejor equipo de la historia del fútbol.
Desde la gestión del presidente (Josep Lluis) Núñez, allá por los ochenta, el Barcelona se convirtió en una escuela. Él tuvo la visión de crear una escuelita, donde todos los niños a partir de los 7 años practican el mismo fútbol. Así aparecieron Messi, Iniesta, Xavi, Pedro…

 

 

Catalán hasta la médula

Recién mencionabas a Serrat y escucharte hablar en catalán me recuerda a una frase de “El noi del Poble-sec”. Joan Manuel dijo que siente la necesidad de expresarse en catalán y no abandonar esa parte fundamental de su vida “sin la cual me sentiría vacío”. ¿Pensás lo mismo?
Sí. De tanto en tanto hay como una fuerza muy grande en nosotros que nos obliga a cantar en catalán. Imaginate que lo querés con locura, es el idioma que has hablado en tu casa, es el que usabas en la calle con los amigos.
En nuestra época de estudiantes no lo podíamos usar con nuestros compañeros de escuela, porque en esos tiempos de posguerra estaba prohibido. Pero es el idioma de ‘casa nostra’, por muchas armas que hubiera y por muchas historias que quisieran imponer, en casa lo usábamos.

¿La policía era la encargada de controlar el uso del idioma?
Sí. La policía hablaba en castellano, entonces si hablabas en catalán te apuntaban a la cara y te decían: “hábleme en cristiano, hábleme en cristiano”.

En eventos masivos suelen ponerse de manifiesto las diferencias entre catalanes y el resto de España. ¿Existen realmente o es sólo rivalidad provinciana?
Se dice que mientras Barcelona trabaja, el resto está durmiendo en la paja. Pero se dicen tantas cosas, que para mí son tonterías, rivalidades. Todo el mundo tiene que trabajar, sino no se come.

Teniendo en cuenta la aprobación del Estatuto de Autonomía de Cataluña y los esfuerzos para lograr un autogobierno. ¿Te imaginaste alguna vez a Cataluña independiente de España?
Sí, me lo he imaginado. En este momento hay una gran controversia al respecto. Incluso se están realizando encuestas en diferentes pueblos con una pregunta sin mala intención: “¿Le gustaría la independencia de Cataluña?” Hay que contestar que ‘si’ o ‘no’, y yo voté que sí. Estoy muy bien con España, pero Cataluña para mí es muy importante. Y seguro que por mis apellidos (Gómez Romero), yo vengo de gente que ha llegado de afuera, pero la gente que llega a Cataluña se integra.

Sin embargo hay un prejuicio que dice todo lo contrario, qué si no hablás catalán, el catalán ni te mira…
No, no, no, no, no, no, no, no, no. Eso es absolutamente mentira. Eso es la cosa más fea que se pueda llegar a decir. Somos bilingües y si alguien se nos dirige en castellano, respondemos en castellano. Ahora se está dando que los hijos de los inmigrantes están más identificados con el sentir catalán, con el idioma, que los que hemos nacido ahí. Adoran Cataluña.
Lo que puede pasar es lo que viste hace un rato, que yo me pongo a hablar con él (el manager que nunca se despegó de nuestro lado) en catalán, es inevitable.

Tanguero por adopción


Dyango es un apasionado del tango. Esa pasión lo llevó a grabar su último trabajo, “Puñaladas en el alma”.

¿Qué me podés contar de tu relación con Goyeneche?
Con Goyeneche tuve la relación del músico. Cuando tenía veinte años vine por primera vez a Argentina, me fui al ‘Caño 14’ y conocí al Polaco. Él decía la canción de un modo distinto a los demás y eso hizo que me interesara muchísimo por su persona. Así nació una gran amistad entre nosotros, tal es así que duró toda su vida y parte de la mía. Cuando se murió yo no estaba aquí, pero llegué a los veinte días y le pedí al mi chofer que me llevara al cementerio a ver dónde estaba mí Polaco. Le pedí que me espere en el auto. Era de noche, yo tenía un cagazo, no te podés imaginar… No encontré a nadie, sólo a un guardia al que le pregunté por Goyeneche y me señaló una calle tétrica. Finalmente encontré el panteón del SADAIC y estuve hablando con él, recordando con él…

Con Goyeneche cantaste una recordada versión a dúo del tango ‘Sur’…
Sí, en aquel momento parecía nada y hoy es una cosa maravillosa que la gente lo recuerda y se enloquece.

En tu último disco lo homenajeás con Garganta con arena, de Cacho Castaña.
Cacho es un gran amigo mío y un gran compositor. Él hizo esa canción para el Polaco y a mí me hizo vibrar. Entonces si yo quiero rendir un homenaje al Polaco, tengo que ir a parar a la canción de Cacho. Letra por letra, palabra por palabra, refleja lo que era y lo que hacía Goyeneche. Todo el mundo sabía que respiraba hecho una mierda, todo el mundo sabía de sus vicios de cantor, todo el mundo sabía que se estaba muriendo y le pedían que cante. Todo eso era Goyeneche.

Siguiendo con tu último disco, también incluiste Oblivion, de Piazzolla, que en su original es instrumental…
Los temas de Piazzolla no llevaban letra. Si te fijás, a Oblivion lo cantaron Milva, Mina y otros artistas, y cada uno le puso la letra que le salió. Es muy curioso, porque todas las letras son distintas. Pero lo esencial de esto es la canción de Piazzolla, que elegí entre tantas hermosuras.

En la dirección musical de ‘Puñaladas en el Alma’ está Carlos  Franzetti, ganador de un Grammy, y que ha trabajado nada menos que con Goyeneche, Paquito D’Rivera y hasta con la Filarmónica de Brooklyn. ¿Fue difícil conseguirlo?
Eso me gustaría resaltarlo. Franzetti es uno de los directores más grandes. ¡Es un desgraciado! Lo busqué por todos lados porque quería que hiciera este trabajo y lo encontré en New Jersey. Finalmente lo pudimos hacer encantadísimos y ahora somos íntimos.

¿Por qué pensás que tenés tan buena acogida en el mundo del tango?
Perdoname la pedantería, creo que soy el único que ha cantado tangos como se debe cantar. Y lo digo con toda la humildad del mundo, porque he estudiado música y entiendo. Es de lo único que entiendo (Risas).
Los demás han cantado muy bien, si escuchás un disco de Julio Iglesias es muy bonito, suena precioso, pero el tango no es eso. El tango es mucho más fuerte, más apasionado, incluso, si se puede decir, es mucho más agresivo.

Para el tango ¿se nace o se hace?
En el tango se nace y después se estudia. Yo estudié para cantarlo. Aquí los tangueros dicen: “Dyango es el único que sabe cantar tango viniendo de afuera”.
Cuando hicimos ese dúo, el Polaco –que era muy comediante el cabrón- se daba la cabeza contra la pared y decía: “¡Cómo puede venir un gallego a enseñarnos a cantar tangos!”.

¿Cómo lo toman los españoles cuando cantás tangos?
No tan efusivamente, pero yo siempre canto tangos.

¿Seguís tocando el violín y la trompeta?
La trompeta ya no, cuando dejás de tocar un tiempo perdés la mano. Pero al violín lo toco de vez en cuando.

¿Todavía escuchás a Django Reinhardt?
Sí, pero más a su compañero, Stéphane Grappelli. Esa época del Quintette du Hot Club de France fue un milagro maravilloso, cuando en Europa el swing no era de primer orden.
Luego, al piano me gustan Bill Evans, Michel Petrucciani y Chucho Valdés, con quien si Dios quiere, vamos a hacer algo juntos.

Leí que tenés un iPod lleno de jazz. ¿Qué es lo último que le agregaste?
Sí, está repleto de jazz y tango. Lo último que estuve escuchando es un trabajo que hizo Carlos Franzetti cuando yo lo conocí. Es un disco de Goyeneche, que se llama ‘El Polaco por dentro’.

¿Te queda algún gusto por darte?
En la música siempre te quedan cosas pendientes. Ahora voy a hacer algo con Chucho Valdéz y me encantaría hacer otro disco de tango con Franzetti.

¿Seguís sosteniendo que lo romántico nunca va a pasar de moda?
Sí, totalmente. La gente necesita de ese tipo de música, necesita estar en contacto con algo que le haga sentir, eso es algo que nunca va a cambiar. Yo estoy loco por Gustav Mahler, escucho el adagio de la Sinfonía nº 5 y se me caen las lágrimas.

“Son ocho y media”, interrumpe el manager -que nunca se despegó de nuestro lado- y Dyango recordó que el asado comenzaba ocho y media.
Ha sido un placer.

En pocas palabras

Una ciudad: Barcelona
Una lengua: catalán
Una bebida: un buen vino y de tanto en tanto, una buena cerveza.
Una comida: verduras hervidas. (Acelgas hervidas con un buen aceite de oliva no pueden faltar nunca).
Una canción: Solitude, de Duke Ellington.
Un músico de jazz: Dos: John Coltrane y Miles Davis.
Un cantante argentino: El Polaco Goyeneche
Un cantante español: cualquiera que lleve más de 25 años en escena.
Un cantante en inglés: Frank Sinatra
Un trompetista: Miles Davis
Un jugador de fútbol: Messi
Un político: Jordi Pujol. Ha sido el presidente de nuestra tierra (Generalidad de Cataluña) durante 23 años.

 

Leo Sbaraglia: “La actuación es un acto de fe”

Leo Sbaraglia

Por Marcos Calligaris

Comenzó a brillar en 1987, cuando con sólo 17 años encarnó al entrañable Diego en Clave de Sol. Pero lejos de dedicarse a engrosar su curriculum con novelas, Leonardo Sbaraglia consagró el último cuarto de siglo a una prolífica carrera cinematográfica que discurre entre Argentina y España, en la que trabajó en éxitos como Tango Feroz, Plata quemada, La puta y la ballena, o El corredor nocturno, entre otros.
Una carrera que en 2001 lo recompensó con uno de los más importantes reconocimientos del mundo del cine, el Premio Goya al mejor actor revelación por su desempeño en la película Intacto.
Una carrera que llegó a su punto cúlmine con “Red Lights”, filme próximo a estrenarse en nuestro país, en el que comparte cartel con Robert De Niro y Sigourney Weaver.
Una carrera que al mismo tiempo no le impide enfocarse en lo que define como lo más importante de su vida: su familia.

¿Qué repercusiones tuvo ‘Vaquero’, uno de tus últimos papeles?
La repercusión de ‘Vaquero’ fue muy buena, con excelentes críticas. Es una película que podría haber ido muy bien, pero sin embargo tuvo un lanzamiento pequeño, sin grandes pretensiones comerciales.
Además en este momento en el cine argentino no somos muy ayudados por los exhibidores. Muchas veces no hay mucha colaboración por parte de ellos con respecto a la mayoría de las películas argentinas que no representen un hipotético negocio.

En el caso de ‘El campo’, de Hernán Belón, Venecia les hizo un favor…
Sí, se estrenó en Venecia y también tuvimos muy buenas críticas de todos los medios italianos, como así también de ‘Variety’, uno de los medios estadounidenses más importantes del mundo cinematográfico. También se presentó en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y recientemente en los cines.

¿Hay algún correlato entre el éxito en un festival, las críticas y el posterior desempeño del filme en la taquilla?
No. Es muy arbitrario lo que puede suceder. Por supuesto que si la película es muy buena y relativamente entretenida, tiene muchas posibilidades de que le vaya bien. Muchas veces hay películas que tienen todos los ingredientes para lograr la aceptación del público, pero eso no necesariamente le garantiza éxito. No hay una lógica, aunque la publicidad ayuda muchísimo. Si una película está muy promocionada, y a su vez está apoyada por los exhibidores, es una doble razón para que le vaya bien.

¿Está confirmada tu participación junto a Ricardo Darín, en la próxima película Martín Odara?
En principio sí. Es un proyecto que está firme.

¿Qué podrías adelantar?
Es un thriller. Una historia de hermanos, donde hay un misterio familiar del pasado que se cubre, que se tapa, e hipotéticamente ha causado un alejamiento entre ambos.
La película comienza cuando se da la posibilidad de un reencuentro entre ellos y transcurre fundamentalmente en el sur de Argentina, con un paisaje de nieve y bastante desolador.

¿Es una producción netamente local?
Es una producción argentina con algo de producción española, en el sentido de que probablemente tengamos que filmar algo en España.

¿Qué te produce trabajar con Darín?
Me genera expectativas porque con Ricardo nunca trabajamos juntos como actores. Creo que es un muy buen actor y siempre es lindo poder compartir cosas con buenos actores. Me parece que nos podemos llegar a entender muy bien y además creo que comercialmente puede llegar a ser una dupla interesante.

En España, tanto Ricardo Darín como vos, son muy respetados. ¿Creés que el proyecto puede generar un interés particular?
Sí, creo que puede causar mucha expectativa. Además el guión todavía se está armando, no está del todo terminado, pero tiene un potencial enorme para ser una película muy interesante.

¿Tenés que leer el guion para aceptar un papel o te guías por otras variables?
Depende. Hay historias que se te meten de una en el cuerpo y te interesan en el acto, y hay otras con las que necesitás más tiempo.
Yo soy siempre bastante exigente a la hora de aceptar o para que me interese ser parte de un proyecto, más que nada porque uno después va a llevar mucho tiempo trabajando en eso. Hay una preparación de dos o tres meses y luego un rodaje de dos o tres meses más. Cuando uno está rodando una película es full time, tenés que estar hasta 14 horas por día durante varios meses y luego hay que promocionarla. Por eso, te tiene que enganchar lo que estás por hacer.
En este caso me interesa mucho trabajar con Martín Odara, creo que tiene mucho para dar como director. También me interesa trabajar con Ricardo Darín, además del guion, que creo que va a quedar estupendo.

Cuando trabajás en varios proyectos a la vez, ¿es difícil disociar entre tu vida y los distintos personajes?
La disociación se da más que nada en cuanto a mi propia vida. Lo más importante para mí es mi hija, mi familia.
Uno va construyendo un personaje, que es una historia, un objeto, una especie de caja vacía que se empieza a llenar con cosas personales y experiencias. Luego esa caja comienza a ser como un organismo concreto con una vida creativa propia y cuando está completa, uno puede entrar y salir más fácilmente.
El tema es cuando eso está en proceso creativo, ahí puede haber más confusión  o ambigüedad, pero cuando el objeto está bien determinado es como entrar y salir del agua.

¿Por cuáles características creés que te buscan como actor?
Por muchas razones. Porque saben que ya conmigo se entienden bien, porque yo capto bien lo que ellos necesitan. Es algo que muchas veces tiene que ver con la química entre un director y un actor.
En la actuación, si uno busca zonas en común con el otro, las va encontrando. En ese sentido, la actuación es un acto de fe, donde decís: “entre los dos creemos en eso y vamos a construirlo”.

¿Te dedicarías a la dirección?
En algún momento sí. Todavía no me lo planteé de manera seria, pero me gustaría.

Da la sensación que luego de una larga trayectoria, el actor indefectiblemente se vuelca a la dirección…
Es probable. No es una evolución lógica, pero en mi caso, supongo que va a ser así.

¿Tenés algún proyecto escrito?
No, sólo pequeñas cosas más caseras.

Red Lights, o la puerta de ingreso a Hollywood

 

Red Lights (Luces rojas) cuenta la historia de un equipo de investigadores de fraudes paranormales formado por la jefa, Margaret Matheson (Sigourney Weaver) y sus ayudantes, Sally (Elizabeth Olsen) y Tom (Cillian Murphy), que trabajan desde el lado de la ciencia racionalista.
En su camino se cruza Simon Silver (Robert De Niro), considerado el mayor psíquico de todos los tiempos y que lleva desaparecido 30 años. Tom comienza a desarrollar una densa obsesión por Silver, cuyo magnetismo se refuerza de forma peligrosa con cada nueva manifestación de oscuros fenómenos inexplicables.
Se trata del tercer largometraje de Rodrigo Cortés, quien logró reconocimiento mundial con “Buried” (2010), y que incluirá entre sus protagonistas al argentino Leo Sbaraglia, quien de esta manera hace su debut en Hollywood.
El estreno de Red Lights en Argentina está pensado para la segunda mitad de 2012.

¿Pudiste ver a Robert De Niro en acción durante la grabación de Red Lights?
Lo vi trabajar, aunque no compartí directamente la grabación con él.

Con tu extensa trayectoria, ¿seguís viendo a estos artistas como algo lejano, o ya es algo natural?
Creo que uno humaniza y normaliza a muchos actores cuando logra trabajar con ellos, pero aun así, para cualquier actor del mundo, trabajar o compartir algo con Robert De Niro, siempre va a ser una experiencia emocionante, maravillosa.

Luego del éxito de “Buried”, ¿cómo creés que va a resultar este film de Rodrigo Cortés?
Creo que es fantástico. Estoy seguro que va a ser un proyecto súper interesante. Es una película muy grande, es como un gran barco.
Me parece que Rodrigo es un director genial y estoy seguro que va a poder conseguir cosas interesantes.

¿Cómo te llevás con los reconocimientos?
Muy bien. Para cualquier actor es una enorme alegría ganar un premio, eso no está en discusión. Lo que está en discusión es que los premios muchas veces son muy arbitrarios.
Muchas veces uno se pregunta con qué vara se juzga quién merece un premio y quién no.
Hay gente que queda afuera de una terna, o luego en una terna de cuatro candidatos, sólo gana uno. Y la actuación no es una carrera de vallas, no son juegos deportivos. Se mide de otra manera. Entonces el hecho de que un actor gane y el otro no, tiene que ver con cuestiones de otro orden, de lobby, de política. A veces uno se beneficia de eso y otras veces no.

El Goya que recibiste por “Intacto” ¿te benefició o te jugo en contra?
A mí me ayudó mucho. Yo ya tenía una carrera en España, con tres películas pero el premio fue como parte de una bienvenida.

¿Con cuánta asiduidad vas a España?
Todo el tiempo. Estuve viviendo durante ocho años allá.

¿Hay semejanzas entre el cine argentino y el español?
No. Es bastante diferente. Me parece que son cinematografías con historias y mecanismos diferentes. Pero depende mucho de cada director. Cada director es un mundo, en Argentina o España.

Leo Sbaraglia no ha llegado aún al cenit de una carrera que continúa rebasando fronteras y promete ser extensa y fructífera.

Piñón Fijo es su nombre

Piñon Fijo en redaccion Dia a Dia. 8 diciembre 2016 foto JAvier Ferreyra

Por Marcos Calligaris

Tengo a mi izquierda a Piñón Fijo, con quien he acordado una entrevista. Le pregunto algunas bobadas como para romper el hielo y en un santiamén estamos en pleno diálogo.
Piñón habla en la primera persona del singular hasta que de repente su tono de voz suena un poco más grave y comienza a utilizar la tercera persona del singular. “Piñón es como un duende, como un personaje que va cambiando porque la vida va cambiando”, afirma.

Entonces caigo en la cuenta de que el que está contestando ahora es Fabián Gómez y me apresto a preguntarle cosas que tienen que ver con el behind the scene.
Cuando me dirijo al hombre de carne y hueso, me responde nuevamente Piñón en la primera persona del singular. “Hace un tiempo ya que aprendí a no ponerle techo a los sueños”, me dice el ídolo de los chicos.
Estudio silenciosamente a quién dirigir mis preguntas. La persona gramatical se vuelve un desafío cuando entrevistás a un personaje que esconde a otro no menos interesante tras el maquillaje. “¿Pero a quién vine a entrevistar yo, a Piñón Fijo o a Fabián Gómez?”, me pregunto. Ya que estamos, quizás yo también tenga otro personaje que me responda. Si lo tengo es mudo. Entonces me remito a la evidencia estética del personaje que está sentado a mi izquierda: la cara pintada de blanco, dos lagrimones negros, una bocota roja bien delineada, un gorro amarillo en la cabeza, un atuendo multicolor y unos súper zapatos. Creo haber resuelto el dilema. Estoy entrevistando a Piñón Fijo.
Es entonces cuando Piñón Fijo y Fabián Gómez terminan por desconcertarme totalmente al contestar al unísono en la primera persona del plural. “Cuando empezamos a soñar esto, no sabíamos ni de coyunturas ni de posibilidades, simplemente soñábamos”.

Es simple: Fabián Gómez está mimetizado con Piñón Fijo y Piñón Fijo con Fabián Gómez. Se turnan para responder y a veces uno responde la pregunta que se dirige al otro.
El secreto está en sus ojos. Al mirarlo uno descubre que intentar disociarlos es un error. Porque si algo comparten Piñón y Fabián es la mirada, la visión del mundo, el punto de vista sobre la niñez y la importancia de tratarla con alegría y cuidado.

“Medio juglar, medio payaso, medio mimo, medio todo”, como él se define, es el gran animador de la infancia argentina.
El punto de inflexión en su vida artística se llama Buenos Aires. Hacia atrás en el tiempo, una infancia en la mansa Deán Funes, actuaciones a la gorra en plazas y parques, animaciones de cumpleaños y festivales. Hacia adelante en el tiempo, fama nacional e internacional, programa en Capital Federal, 57 Gran Rex, 17 Luna Park, presentaciones en teatros de Sudamérica y España.

Consagrado pero tranquilo, hoy Piñón Fijo ultima detalles para su debut cinematográfico, mientras gira por gran parte del país.
Repasamos su historia en un diálogo.

Cuando trabajabas a la gorra, ¿se te cruzó por la cabeza que ibas a terminar hacienda una película?
Todas las cosas que me han sucedido, alguna vez las soñé. Quizás nunca las proyecté para un determinado momento de mi carrera, pero se fueron dando mágicamente.
Esto es otra oportunidad de aprender algo nuevo.

¿Incluirías tu película dentro del nuevo movimiento que se está dando en el cine cordobés o más bien es un paso natural en tu carrera?
Es un sueño que viene presente en mí desde hace mucho tiempo, pero seguramente se han alineado algunos astros para que pueda cumplirlo. La realidad de hoy da posibilidades que estimulan y posibilitan a gente a invertir en proyectos de este tipo. De esa manera se hace más realizable.
Uno no puede ser tan soberbio de desconocer una coyuntura que es muy favorable. De todas maneras, cuando empezamos a soñar esto, no sabíamos ni de coyunturas ni de posibilidades. Simplemente soñábamos.

Distintos diarios de Latinoamérica se hicieron eco de tu película. ¿Creés que puede ser un hito a nivel regional?
Ojalá. Hace un tiempo ya que aprendí a no ponerle techo a los sueños y así me va. Un día me encontré cantando en el Teatro Alcalá de Madrid, otro día me encontré en Ecuador, otro día me enteré que en la televisión cubana –que es muy exigente con el tema del contenido- estaban dando los videos de Piñón. Creo que esto es como hacer una canción o tener un hijo, uno sirve de medio para que se produzca, después tiene vuelo propio.

Con el cine cerrás un círculo que incluye teatro y televisión. ¿Qué sigue luego?
Eso depende de las ganas de seguir soñando que tengas. Por ahí el medio o el mercado te lleva a tener ese tipo de círculo cerrado, pero yo creo que la vida se trata de ser feliz. Hace 20 años que ando de gira y no me canso, creo que mientras tengas ganas de hacer algo y la vida te lo permita, esto no tiene cierre.

Piñón está siempre igual. ¿Cuántos años tiene?
El personaje tiene 21 años pero tiende ser medio atemporal, a tener un perfil mágico. Piñón es como un duende, como un personaje que va cambiando porque la vida va cambiando, pero filosóficamente es medio atemporal.

Cómo creés que te perciben los chicos, como un súper héroe, un payaso…
Yo no busco que me miren como súper héroe. No logro discriminar cómo me ven, pero habiendo música y mensajes compartidos de por medio, creo que lo perciben como a un amigo, un amigo medio juglar, medio payaso, medio mimo, medio todo. Y creo que todos esos medios justifican el fin que es la amistad con los chicos.
El tema de la devoción a los artistas y el hecho de verlos tan lejanos e intocables, a mí no me gusta como público y como artista me da mucho pudor. Más aún si estás en contacto con los chicos

Sos admirador de Rubén Blades, ¿hay alguna influencia del panameño en Piñón Fijo?
En todo lo que hago soy muy autodidacta y en todo lo que he aprendido se han infiltrado estímulos que fueron tiñendo mi carrera de cosas que me gustan. Obviamente que al escuchar todo el tiempo a Rubén Blades, la música que hace y la evolución que él hizo desde la salsa, me ha influenciado. Seguramente está presente de alguna manera.

Con 9 trabajos, tenés una discografía que más de un músico debe envidiar…
Sí, Piñón sin la música no sería Piñón. Antes que nada, Piñón es música, canciones, letras. Yo no me considero nada, porque no tengo el título de nada, pero si desde algún lugar nació Piñón Fijo, fue desde una guitarra… y de un saxo cloacal. (Risas).

¿Cómo hacés para divertir a los niños en una época en que la tecnología ocupa espacios primordiales?

Yo creo que tiene que ver más con el trato, con el hecho de no subestimarlos, con la transparencia, con la música. No reniego de la tecnología y en la medida en que puedo usarla, me fascina, pero la veo como medio. Muchas veces reniego de cuando se usa la tecnología como fin, cuando pasás 3 horas irrecuperables de tu vida preguntándole a una amigo en facebook “ ¿y vos qué estás haciendo?”. Luego él te pregunta lo mismo a vos y perdés un montón de tiempo. A partir de ahí es cuando reniego un poco y me sale el papá medio viejo que soy.
En mi caso está bueno usarla como medio para la magia, para la música. Y en definitiva, uno de los motivos por el cual hoy podemos hacer cine desde Córdoba, es justamente por el avance de la tecnología. Hace un tiempo el cine era casi elitista.

¿Cómo explicás el fenómeno que te hizo llenar 57 Gran Rex y 19 Luna Park?
Eso se dio en una etapa de explosión en Buenos Aires. En este país podés rodar la vida durante 30 años por el interior, pero si no pasás por Buenos Aires, (tu carrera) no explota. A nosotros nos pasó eso y cuando llegamos a Buenos Aires de la mano de Canal 13 se dio esa explosión. Había gente que preguntaba por qué Piñón tenía tanto bagaje de canciones, dónde estaba este tipo que no existía hasta el día anterior… Creo que ese deslumbre fue el que generó el fenómeno. Para nosotros también fue algo inexplicable.

¿Por qué decidiste volver con tu programa a Córdoba?
A mí me tocó ir a Buenos Aires en un momento en que el sistema estaba mucho más blando que ahora, imagínate lo duro que está ahora.
Cuando vi que se estaba corriendo el eje de mis objetivos artísticos y humanos por 1 punto de rating, por una envidia, por una operación mediática para desprestigiar y cuando me di cuenta que la competencia estaba siendo muy desleal, me pareció que el personaje y su vínculo con el niño estaban corriendo un serio riesgo. Entonces en ese momento dije “me guardo un poco en mis orígenes, en mi raíz”, porque yo nunca quise ni fama, ni dinero, ni éxito a cualquier precio.
No estuve, no estoy y espero que la vida me dé sabiduría para no estar nunca loco con ese tema.
Gracias a Dios, ese tiempo me agarró en una edad de Fabián -que habita dentro de este personaje- bastante tranquilo, bien rodeado y me dio la posibilidad  de saltar a tiempo.

Y conseguiste el privilegio de seguir teniendo un producto nacional desde la televisión del interior. ¿Es posible posicionar programas nacionales desde Córdoba?
Sí, se puede. Me pueden tildar de obsesivo, pero creo que si uno está la mayor parte del día pensando en cómo mejorar las cosas, no sé si todo el mundo va a tener un programa en un canal de la capital, o si todo el mundo va a tener 9 discos, pero creo que van a tener más chances de tener las herramientas listas para cuando pase el tren de las oportunidades”. Eso es lo que me ha pasado muchas veces.

Sacame una duda… ¿No te convocaron alguna vez para Bailando por un sueño?
No, oficialmente no. (Risas) Alguna vez un productor me dijo algo, pero no…

¿Y si te llaman oficialmente?
No, me parece que no da.

No te veo renegando con el jurado…
Yo tampoco me veo y creo que el jurado menos. (Risas)

¿Qué opinan tus dos hijos sobre Piñón?
Mis hijos viven una realidad muy linda, porque tienen casi la misma edad que el personaje. Cuando yo salía a la calle, andaba con ellos en brazos y fueron creciendo al lado de Piñón siendo muy críticos, diciendo “esto me gusta, esto no me gusta” y participando en los coros de los discos.
Hoy Sol tiene 24 años, Jeremías 22 y están los dos en el escenario al lado mío tocando y cantando. Hace 1 año y medio que estamos girando juntos. Parece como si la gente percibiera eso y lo agradece.

Con el nivel de exposición que tenés, ¿sos un agradecido de que no se te pueda reconocer en la calle?
Sí, estoy agradecido porque nunca lo planifiqué para que fuera así. Muy poca gente me reconoce. Pero fue una casualidad, porque esta decisión la tomé desde que empecé a hacer de Piñón, cuando animaba cumpleaños y pasaba la gorra en la calle. Siempre trataba de mantener la magia del personaje intacta ante los niños.
Y siempre conté con la complicidad de muchos adultos. Cuando iba a un cumpleaños, pedía permiso para pasar al baño para maquillarme y de repente aparecía listo Piñón. Después, cuando gané unos mangos, me compré una Volkswagen Kombi y ese era mi camarín rodante. Luego se dio todo sin querer.

En algún momento en Córdoba hubo una especie de clásico entre Piñón Fijo y el Payaso Ricky, cuando animaban “Pan y Manteca”. ¿Eran amigos?
Ricky es un amigo. Los argentinos siempre tenemos esa historia del Boca – River, Belgrano – Talleres… Ricky es una persona de la cual yo aprendí mucho, al igual que de todo ese grupo de “Pan y Manteca”. Yo los veía a ellos desde afuera, la ñata contra el vidrio, porque entré más tarde al programa y tengo que reconocer que aprendí muchísimo.

¿Volvés a Deán Funes?
Sí, vuelvo siempre y me encuentro a mí mismo cuando era niño. Yo me vine de Deán Funes cuando tenía 13 años, pero me quedó la infancia ahí. Cuando puedo volver como Piñón, vuelvo, pero cuando no puedo volver como Piñón, me gusta sentarme al frente de la casa de mi infancia, mirar el árbol de mi niñez, recorrer lugares… ¿Viste que cuando sos adulto y volvés al patio donde jugabas, no te parece tan inmenso como lo tenías adentro de tu cabeza? Es todo más chiquito. Eso me pasó muchas veces, por eso me gusta volver, para que no se me vaya la dimensión.

“Aprendí a no ponerle techo a los sueños”, afirma Piñón. Por eso es un personaje vigente, querido y su carrera marcha siempre para adelante, como el engranaje de bicicleta que dio origen a su nombre.

Piñón Fijo y la magia de la música

“Si todo sale bien, podemos estar presentándola en diciembre”, afirma Piñón Fijo en referencia a la película donde convive con animales autóctonos construidos con animación 3D y con su gran amigo Cabrito.
Se trata de una producción conjunta de Bunny Croato, Néstor Perez y Orsay Troupe SRL.
En la misma, según narra la sinopsis, “Piñón fijo vive una mágica aventura para la cual debe hacerse chiquito y ayudar a los habitantes de un típico arroyito de las sierras cordobesas.
Mientras, en el mundo real, su inseparable amigo Cabrito lo busca desesperadamente, Piñón hace nuevos amigos: El grillo Cricrí, la arañita y un grupo de bichos cantores, a quienes ayuda a librarse de las dominaciones del Cuis y sus secuaces. La clave para ganar: las canciones de siempre.”

Nalbandian: “Mi objetivo siempre fue ganar la Davis”

Por Marcos Calligaris

David Nalbandian recibe de Fernando Verdasco el último mazazo. Fue derrota 7-5 y 6-1  para el cordobés en el torneo de Queen’s, que con la calidad de su césped sirve de preparación para la esperada cita de Wimbledon. Ha sido derrota, pero con sabor positivo para el tenista de Unquillo, que acaba de regresar de una doble operación de hernia inguinal y una rotura fibrilar en un aductor que lo mantuvo alejado por tres meses de las canchas. Es que con 29 años y 11 como profesional, el cuerpo de un tenista comienza a pasar facturas.

David se retira de West Kensington pero permanece en Londres, donde en pocos días debutará en la Catedral del Tenis.

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Enrique Pinti: “El mundo no está caminando bien”

Por Marcos Calligaris

“Pasan los años, pasan los gobiernos,
los radicales y los peronistas,
pasan veranos, pasan inviernos,
quedan los artistas.
Pasan las crisis y pasan las guerras,
pasa la prensa sensacionalista,
las prohibiciones, las listas negras,
quedan los artistas (…)”
Todo pasa. Su canción juega un flipper en mi cabeza mientras repaso su historia entre la historia y busco su humanidad entre el gentío.
Lo encuentro. A la hora pactada, en el lugar establecido horas antes. Suspiro, su canción cobra más sentido cuando lo veo. Es uno más entre los comensales del Howard Johnson de Seguir leyendo

Hernán Piquín: del Colón al circo de Tinelli

Por Marcos Calligaris

Hernán Piquín será una de las atracciones de Bailando por un sueño 2011. Su historia en la danza lo consagró mucho antes.

¡Buenas noches ladies and gentlemen! ¡Bonsoir!
Sean bienvenidos a la primera función del Circo Beat.
El circo más sexy, más alto, más tonto del mundo.
Desde ahora y para siempre, cualquier semejanza con hechos reales
correrá por vuestra propia imaginación.
¡Arrivederci e buona fortuna!
Fito Páez dixit.

Bailó por un sueño desde los cuatro años. Por el sueño propio de convertirse en un bailarín profesional y mostrar lo que era capaz de hacer en los teatros más importantes del mundo. Lo consiguió. Bailó desde el porteño Teatro Colón hasta el Hermitage, de San Petersburgo sin escalas.
Hernán Piquín, se convirtió rápidamente en un exponente de la danza mundial. “El heredero de Julio Bocca”, según palabras del mismísimo último gran astro de la danza argentina.
Consagrado, reconocido y premiado por la crítica mundial, hoy el sublime bailarín se apresta a intentar algo diferente.

Hacer algo diferente está entre las cosas que le inflan el espíritu. Por eso accedió a encarnar el papel principal de ‘Aniceto’, la última película de Leonardo Favio; por eso fue el galán de Luisina Brando en  la telenovela ‘Herencia de amor’, y por eso recientemente saboreó las mieles del calor popular, animando la temporada estival de Mar del Plata con ‘El gran burlesque’, donde se mezcló con María Martha Serra Lima, Juan Carlos e Iliana Calabró, Anita Martínez, Carlos Sánchez y Maxi Diorio, entre otros. Pero está decidido a ir por más.

Julio Bocca me enseñó que no importaba dónde se bailara, sino cómo se bailara”, esgrime para neutralizar una punzante pregunta que no pocos le deben hacer por estos días: “¿Por qué Bailando por un sueño?”
“Piquín es muy reconocido en el mundo de la danza, no sé para qué quiere exponerse en Bailando por un sueño”, expresó días atrás Flavio Mendoza en este mismo medio.
Quien tiene la respuesta es él, Hernán Piquín, quien será de la partida en el programa más visto de la televisión argentina, donde junto a “la enana Noelia”- la última extravagancia de Ideas del Sur-  intentará lucirse frente a boxeadores, vedettes, coreógrafos, modelos y hasta un ex seguridad… Un verdadero Circo Beat.
Mientras espera su debut chez Tinelli, el bailarín gira por el país presentando ‘Pasión Tango’, un show donde despliega todo su potencial artístico.

Empezaste desde muy chico tus estudios en el Instituto Superior de Artes del Teatro Colón, ¿a qué edad te diste cuenta de que querías ser bailarín?
A los 4 años les dije a mis viejos que quería bailar. Veía un programa por Canal 7 que se llamaba ‘Noches de gala’, donde pasaban funciones del Teatro Colón, y de ahí no paré hasta lograrlo.
A los 10 años, la esposa del médico que nos atendía a mi hermano y a mí, me trajo los formularios de inscripción de la escuela del Teatro Colón, los llenamos con mi mamá y me llamaron. Di los exámenes, éramos 2500 inscriptos, de los cuales sólo quedamos 17. Dios mío, ¡qué recuerdos!

¿Qué te proporcionó, como joven bailarín, la experiencia en distintos ballets internacionales como el English National Ballet o Le Jeune Ballet de France?
Me dio mucha experiencia, amigos, seguridad en la carrera, y muchas ganas de nunca parar, de nunca bajar los brazos. También me dio escenario.

Al ser convocado por Julio Bocca para bailar junto a Eleonora Cassano en distintas giras, ¿sentiste que estabas tomando literalmente la posta que dejaba Bocca en la danza argentina?
No me sentí ni más ni menos. Fue una alegría bailar junto a Julio Bocca, junto a Eleonora Cassano y con Cecilia Figaredo, además de recorrer el mundo y los escenarios que sólo se abrían para nosotros, como cuando bailamos en el Hermitage, en Rusia.
Luego, cuando Julio se retiró y dejó de bailar, sentí que nos habíamos quedado sin la cabeza de compañía. Fue en ese momento cuando el mismo Julio Bocca le dijo a la prensa que yo era su heredero, que privilegio.

En tu repertorio se destacan presentaciones por distintos continentes, representando obras como El lago de los cisnes, Cármen, Orfeo, Giselle, Nine Sinatra songs, entre otras. ¿Qué  obra no te cansarías de repetir?
Realmente me gusta bailar todo, pero si tengo que elegir, bailaría una y otra vez El Corsario.

El lago de los cisnes, Serenade, y Hasta abajo papi…

Cada maestrito con su librito. Algún acérrimo seguidor de la danza clásica podrá verlo como un desliz del bailarín. Para los seguidores del ciclo televisivo es una incorporación que da jerarquía al show. Y ‘show’ es la palabra clave. Así lo entiende Piquín.

De bailar obras clásicas a bailar reggaetton, cuarteto o merengue, hay una apreciable distancia. Cuando surgió la posibilidad de bailar en el certamen de Tinelli, ¿cuál fue tu propósito?
La producción de Marcelo Tinelli me convocó para la apertura del ‘acquadance’, y después de la presentación, me ofrecieron ser parte del bailando 2011.

Vos ya tenés reconocimiento ¿qué creés que te puede otorgar un programa popular como Bailando?
Justamente la popularidad que todos buscan, pero en mi caso yo utilizaría este medio para que la gente en su casa pueda ver baile y que no todo son culos y tetas. Julio Bocca me enseñó que no importaba dónde se bailara, sino cómo se bailara. Mi idea al momento de evaluar mi participación en el Bailando, es que la gente disfrute del baile.

¿Sos consciente de que te podés ver envuelto en polémicas mediáticas que se comentan durante varias semanas en programas de chimentos?
A mí carrera no la hice con líos mediáticos, entonces creo que si me viera envuelto en algún escándalo mediático, sabría resolverlo con altura y sin entrar en polémicas.

En cuanto al jurado, ¿estás preparado para que te juzgue gente que no tiene tu experiencia?
Si decidí estar en el Bailando, claro que estoy preparado. Me parece divertido.

Fuiste nombrado ‘Bailarín del año’ en varias oportunidades y por distintas instituciones. ¿Qué expectativas te genera el hecho de participar en un certamen donde el último ganador fue un boxeador, y en el que el voto telefónico del público define todo?
Sé cómo son las reglas del juego y lo importante es entender que es un show. Como dije antes, me parece muy divertido.

¿Qué le aportó a tu formación artística tu performance en el film ‘Aniceto’?
De ‘Aniceto’ hay un antes y un después. Haber tenido el privilegio de estar bajo la dirección de Leonardo Favio es para cualquier artista una diferencia en su carrera. Por mi parte te puedo decir que haberlo conocido y haber sido el protagonista de su última película, me dio popularidad y el respeto de mis compañeros.

A partir de ahí, ¿surgió alguna nueva propuesta cinematográfica?
Sí, hubo varias propuestas, cinco películas, dos musicales, dos obras de teatro. Gracias a Dios, trabajo no me falta, propuestas mucho menos y espero tener el tiempo porque tengo muchas ganas de hacer todo.

“El gran burlesque” probablemente te acercó a un público más masivo. ¿Pensás seguir con proyectos de teatro similares?
Sí, es verdad, “El gran burlesque” me acerco a ese tipo de público. Yo no estaba acostumbrado a que la gente quisiera sacarse fotos conmigo, besarme, abrazarme, tocarme. En el ballet todo es más tranquilo, pero lo disfruté muchísimo. Saber que lograba emocionar a la gente con mi baile, no tiene precio.
Ya me están ofreciendo hacer temporada para el próximo verano y además tengo un proyecto muy fuerte en teatro, un musical que haría en Bueno Aires. Apenas se confirme, diré de qué se trata.

¿De qué otras cosas disfrutás además de bailar?
Disfruto de las cosas cotidianas, de mi familia, de mis amigos, de mi casa, de mis perros, de viajar, de mis vacaciones, de ir a cenar, de cocinar en casa y que vengan amigos.

¿Pensaste en qué te gustaría hacer cuando dejés de bailar?
Sí, quiero tener un restaurante o una pizzería.

Ya está todo listo para que arranque el gran circo de Tinelli. “Casi todos tendrán un instante en su touch de gloria”. Hernán Piquín no será la excepción, pero será menester no olvidar que su consagración le llegó mucho antes, mientras todos mirábamos televisión.

Ping Pong con el bailarín

 

Un CD para escuchar en el auto.
María Martha Serra Lima.

Una bebida.
Pepsi.

Una comida.
Milanesas.

Un referente de la danza.
Julio Bocca.

Una bailarina.
Cecilia Figaredo.

Una película.
Aniceto (risas).

Una canción popular.
‘Oh, qué será’, por Mercedes Sosa.

Una canción casi íntima, de esas que pocos conocen.
‘For the first time’, de Kenny Loggins.

La obra que más te gustó interpretar.
El Corsario.

Una obra que siempre quisiste y nunca pudiste interpretar.
Ninguna.

Un tango para bailar.
Balada para un loco.

Un lugar para ir de vacaciones.
La playa.

Un lugar donde te gustaría vivir por un tiempo prolongado.
Miami.

El teatro donde más te gusta actuar.
El Teatro Colón.

Silvina Escudero y su amor propio

Por Marcos Calligaris

 

9 de la mañana

– Periodista: Hola Silvina, ¿podemos hacer la entrevista ahora?
– Silvina Escudero: Hola, ¿cómo andás? ¿Me podés llamar tipo 6 de la tarde?

6 de la tarde

– Periodista: Hola Silvina, yo de nuevo, ¿largamos la entrevista entonces?
– Silvina Escudero: Hooola soy Siiiil… Bueno, si querés dejame tu mensajito después de la señal y sino tratá de llamarme más tarde. ¡Que tengas un increíble 2011! Beso, beso…

7 de la tarde (tras varios intentos frustrados)
– Periodista: Hola Silvina, yo una vez más. ¿Hacemos la entrevista?
– Silvina Escudero: Ay Marcos… estoy ocupada, disculpame. ¿No me podés llamar tipo 9 de la noche? ¡Ay gracias!

9 de la noche

– Periodista: Hola Silvina. Te hablo de nuevo, ¿largamos?
– Silvina Escudero: (Con tono relajado) ¿Cómo estás? Yo todo bárbaro, dale, largá cuando quieras.

No es nada sencillo intentar entrevistar a un personaje que atraviesa su pico de popularidad. Pero antes de seguir con la entrevista a Silvina Escudero, necesito despejarme algunas dudas.

Del latín populāris, “lo relativo al pueblo”, dice la Real Academia. Popular: perteneciente al pueblo (en Sorocabana anoche hablaban de ella, punto a favor); propio de las clases sociales menos favorecidas (erróneo, o en todo caso incompleto, a ‘Bailando por un Sueño’ lo ven las distintas clases sociales. Más de un lector esconde la mano en este preciso momento); que es estimado o al menos conocido por el público en general (de esto no hay dudas, basta mencionar su nombre en cualquier ámbito y voilà); dicho de una forma de cultura: considerada por el pueblo como propia y constitutiva de su tradición. (Dicen que somos lo que comemos. Me pregunto si también somos lo que vemos… Tarea para la casa.)

Listo el pollo y pelada la gallina. Silvina Escudero acaba de pasar exitosamente el escáner de legitimidad: es un auténtico personaje popular argentino. Dicho de esa manera suena algo pomposo, pero la joven reúne las condiciones y esa certeza me alivia -aunque sea un poco- el hecho de haber esperado durante 12 horas a que me atienda el llamado.

¡Ah! por cierto, además de ser popular, Silvina Escudero es bailarina. Una excelente bailarina con dotes actorales y porte de vedette, que antes de entrar a la usina generadora de celebrities comandada por el gurú mediático Marcelo Tinelli, se instruyó cuanto pudo y en lo que pudo para quedar al pie del cañón.

Fue al Northlands, un exclusivo y costoso colegio bonaerense al que también acudió la princesita Máxima Zorreguieta. Aprendió inglés y francés, estudió coreografía y profesorado de danzas y le faltan diez materias para recibirse de veterinaria. Y un dato para dejarlo picando, su hermana Vanina está casada con un ex Tinelli, Waldo Navia.

“Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”, decía Ortega y Gasset, y Silvina Escudero tampoco se salvaría.
Esas circunstancias llegaron: ‘El Musical de tu Sueños’, ‘Bailando por un Sueño’, su relación con Matías Alé, el final de su relación con Matías Alé, sus peleas con Graciela Alfano, sus peleas con Ricardo Fort, su reconciliación con ambos, risas y llantos en vivo y sus perennes confesiones públicas de que “amo bailar, amo a mi hermana, amo a la vida y siempre, siempre, siempre digo la verdad”.
(Y reitero, todo esto acompañado de excelentes dotes de bailarina.)

En medio de ese remolino de circunstancias, Silvina Escudero es uno de los personajes mediáticos del momento y finalmente hace un alto en su agenda para atender esta entrevista.
 

¿Qué balance hacés del primer desafío del año que significó hacer teatro en Carlos Paz?
El balance es súper positivo, aunque siento que todavía estoy terminando el año pasado porque no me tomé vacaciones.
Carlos Paz me recibió de la mejor manera. Es un lugar hermoso a nivel paisaje y la gente es divina. “Taxi” fue un éxito, así que no hubo nada negativo.

Trabajar en las sierras no en lo mismo que hacerlo en Buenos Aires, ¿no te dio un respiro?
No, tampoco paveemos, es trabajo. Además estuve durante todo enero conduciendo el móvil de ‘Cuestión de Peso’, haciendo presencia en muchos eventos, shows. Y los lunes, que no tenía función en Carlos Paz, viajaba a Buenos Aires para estar en el piso de ‘Cuestión de Peso’. No paré un segundo.

¿Y las vacaciones para cuando?
En este momento. Me voy una semana de vacaciones.

¿Alcanza una semana para tirar todo el año?
No, pero es así. Hay que aprovechar, ser agradecida del trabajo que una tiene y disfrutarlo.

¿Cómo continúa tu año?
Con muchas propuestas. Voy a seguir en ‘Cuestión de Peso’; con ‘Taxi’ vamos a hacer giras los fines de semana y también tengo varias propuestas para televisión, pero todavía no cerré nada.

Bailando 2011 es un hecho…
Todavía no está cerrado. Me han propuesto hacer cosas diferentes. Quieren que esté, pero todavía está todo muy verde.

Flavio Mendoza declaró a este medio que los que repiten año tras año en ‘Bailando por un Sueño’ “restan como artistas” y también que “hay que darle lugar a otra gente”. ¿Te ves bailando nuevamente?
Yo estuve el anteaño pasado en el ‘El Musical de tu Sueños’. Ahí cantaba y tenía un grupo de baile. El año pasado bailé con una pareja y éste puede que no esté bailando con una pareja. La producción me hizo una propuesta diferente.

¿Se puede saber entonces?
No, todavía está todo muy verde.

¿Sabés lo que es la incertidumbre laboral?
Yo trabajo desde los 13 años y gracias a Dios estudié tanto y tantas cosas diversas, que si hay algo que no me va a faltar nunca en la vida, es trabajo. Si no trabajo en los medios, voy a ponerme una peluquería, ser depiladora o manicura, porque también lo he hecho.
Puedo ser peluquera, terminar mi carrera y ser veterinaria, puedo dar clases particulares de matemáticas, porque son todas cosas que ya he hecho.
Gracias a Dios tengo mucho trabajo en lo que tanto me gusta hacer, pero estoy convencida de que podría trabajar en cualquier cosa, porque le pongo garras a lo que hago.

 

De princesas y bailarinas

Mucho antes de convertirse en un ser mediático, Silvina Escudero asistió a uno de los colegios más exclusivos de la porteña Zona Norte. Se trata del Northlands, cuyas aulas también vieron pasar a la princesa de Holanda, Máxima Zorreguieta.
Luego, su formación seguiría por distintos rumbos, hasta llegar a las primeras experiencias teatrales y televisivas, pero ella lo cuenta mejor.

¿Cuánto te sirvió tu formación?
Todo sirve en la vida. Además estudié una carrera universitaria (veterinaria), que no tuve la oportunidad de terminar por falta de tiempo, pero en algún momento me gustaría hacerlo.
Hay que estudiar permanentemente por el solo hecho de nutrirse uno mismo.

Al nutrirse uno tiene acceso a nuevas puertas. ¿Hay algo que hayas estudiado y que desde tu posición actual te gustaría desarrollarlo en grande?
Por supuesto, hice un montón de cosas y todo te sirve, todo te ayuda. Me da mucho placer seguir aprendiendo y todo sirve para algo.

¿Te ves ejerciendo como veterinaria?
Sí, por supuesto. Ya trabajé mucho tiempo en una veterinaria haciendo cirugías. Me encanta, estoy todo el tiempo en contacto con los animales, agarro perros de la calle, trabajo con las fundaciones.

La realidad es que hoy estás en los medios con una agenda completa. ¿Hay retorno? ¿Podés volver a ser la chica de la veterinaria?
Por supuesto que sí. Yo no vivo de los medios. Este es mi trabajo y uno tiene que saber distinguir entre su trabajo y su vida. Mi vida es mi familia, mis amigos, tener hijos, mis perros. Y así como algunos van a una oficina a trabajar, yo soy bailarina, actriz y canto. Ese es mi trabajo.

Bailarina, actriz, vedette, artista… ¿Cómo te definís?
Soy bailarina.

Sin embargo, en el último Bailando fuiste bastante actriz…
Sí, por supuesto, pero en la sangre me corre el baile.

¿Te ves haciendo novelas?
Sí, este año tuve las mejores críticas haciendo ‘Taxi’.

 

Celebrity 2.0

El término Web 2.0 está asociado con un fenómeno social basado en la interacción que se logra a través de diversas aplicaciones en la web y que facilitan compartir información.
Un sitio Web 2.0 permite a sus usuarios interactuar directamente con otros usuarios y a Silvina Escudero, como a sus colegas coetáneos, le tocó ser famosa en la época de las redes sociales. A través de ellas, los artistas tienen una relación tête à tête con su público, prescindiendo de la otrora ineludible mediación de la prensa. Por eso los más de 180 mil seguidores que la bailarina tiene en Twitter pueden enterarse al mismo tiempo que Jorge Rial, si Silvina Escudero se peleó con Nicolás Riera o si vuelve con Matías Alé.

Hace instantes escribiste en Twitter que llegaste a los más de 180 mil seguidores en esa red. ¿Tomaste dimensión de que representa a casi tres Estadios de River repletos de personas que leen tus comentarios?
¡Es terrible! La gente es amorosa, me escriben cosas divinas. Yo estoy más que contenta porque el trabajo que tengo es gracias a la gente, es la gente la que te elige y después los productores te convocan.

Ricardo Fort dice que le encanta googlearse y ver qué se dice de él en internet. Para un famoso, ¿es posible enterarse más de sí mismo en internet, que haciendo examen de consciencia?
No, eso no me importa. Yo me dedico a hacer mi trabajo, trato de crecer cada día y tomo clases. Después, lo que diga el resto, me tiene sin cuidado. Nunca me googleé, no tengo ni idea de lo que puede aparecer.
Esa enfermedad de googlearse, de estar pendiente de lo que dicen de uno, no es sano. Eso es no tener vida y gracias a Dios, yo la tengo.

Pero en las redes sociales la gente opina de tu vida, en los programas también. ¿Es posible estar completamente al margen?
Mirá, no veo programas de espectáculos, veo poca tele y no escucho radio. Lo único que hago es comprar revistas. El único momento en que miro tele es cuando llego tarde de trabajar y pongo un rato Friends, Los Simpsons, o un DVD. No puedo estar pendiente de lo que dice todo el mundo de mí. Hay que estar sano de mente.

Pero estás expuesta te guste o no. ¿No sentís que tu vida es una especie de Gran Hermano?
Mirá, el único medio que tengo de comunicación es Twitter, el resto no tengo idea de qué dicen o que no dicen. Te repito, me dedico a hacer mi trabajo.

¿De qué cosas disfrutás más cuando lográs desconectarte?
No puedo desconectarme ni un minuto porque no paro de trabajar en todo el año.
De todos modos, cuando lo logro, me gusta juntarme con mi familia, estar con mis perros, salir con mis amigas.

¿Qué es lo que menos te gusta de ser famosa?
Antes había algunas cosas que me hacían mal, como cuando decían cosas que no eran ciertas, pero ahora trato de verle el lado positivo a todo.

¿A qué personalidad del ambiente admirás más?
A Silvina Escudero.

¿Por qué cualidades?
Es luchadora, trabajadora, va al frente, es sincera y tiene códigos.


“El amor propio –decía Voltaire, al igual que el mecanismo de reproducción del género humano, es necesario, nos causa placer y debemos ocultarlo”.
Silvina Escudero prefiere no ocultarlo, parece disfrutarlo y procura mostrarse tal cual es.
Pero ojo, que si un famoso emperador francés (cuyo nombre prefiero preservar en legítimo uso del secreto profesional periodístico) viviera, escribiría en su Twitter: “El más peligroso de nuestros consejeros, es el amor propio. NB.”

 

El esplendor del Puma Rodríguez

Por Marcos Calligaris

“Agárrense de las manos, unos a otros conmigo. Agárrense de las manos, si ya encontraron su amigo…”
Suena la cortina musical que anuncia su llegada cuando promedian las 2 de la tarde. “Digo de pronto, me parece”… Juan Alberto Mateyko estampa su sello verbal y lo anticipa por Radio Mitre, como cuando meses atrás dio la primicia de que Carlos Paz contaría con una estrella internacional en su temporada estival.

“Juntos podemos llegar, donde jamás hemos ido”. Y tras atravesar una pasarela que da al estudio que Mitre montó en el resto-bar ‘Oye Chico’ de Carlos Paz, aparece él, nada menos que José Luis Rodríguez, El Puma.

Zapatos negros con hebilla, jean azul, radiante camisa a rayas, una gruesa cadena de oro y un impecable peinado al secador con su característico mechón blanco (el mechón me hace pensar en Stripe, el malo de los Gremlins y en Susan Sontag. Obviamente no lo digo, sería desubicado).

Su mirada es profunda, parece atravesar a cada uno de los que estamos presentes. Vino con un esplendor…”, diría más tarde Mateyko. Pero para el final de la nota hay tiempo.

“Dueño de ti, dueño de qué, dueño de nada”. El operador no cesa de enganchar clásicos del Puma y escuchar clásicos es instalarse en otras épocas y también dimensionar el palmarés de éxitos que tiene este venezolano, que ya ha vendido más de 15 millones de discos.

Esto será una entrevista, pero en el diálogo no vamos a estar solos.
La pasarela parece temblar y de repente ingresa en el estudio una de las figuras mediáticas de 2010: La Mole Moli. Besuquea a medio mundo y se sienta al lado mío, en una silla diminuta. Ojotas, remera deportiva Legea negra, short Adidas al tono y constante comezón en la ingle. Blanco como un pollo, espontaneo y natural como más de uno se lo imagina, me saluda con una sonrisa de oreja a oreja: ¡Cómo andás, mi loco!

Acabo de entender, La Mole también participará de esta entrevista a la que fui gentilmente invitado por Mateyko, quien con su Movida del Verano le sigue dando un nuevo estilo a la radiofonía cordobesa.

De repente el tiempo parece detenerse como en la instantánea que saca mi fotógrafa. Todos nos miramos como en round de estudio, y si de rounds hablamos, quién sino la Mole Moli hubiera sido el más indicado para romper el hielo. “Estoy contento porque acá está mi amigo, ¡Cómo andás Pumita querido!”.

Durante más de un mes Fabio Moli compartió junto al Puma y Mateyko ‘El Gran Show’, y a esta altura tienen anécdotas que con sólo mirarse les provocan risa.
Los primeros minutos pasan entre cumplidos y anécdotas hasta que Mateyko pone orden con su ronca voz. ¡Querido Puma, bienvenido! (En definitiva esto se iba a tratar de una entrevista, había que arrancar en algún momento).

Pero todo había comenzado días atrás. Fue el mismísimo ‘Muñeco’ quien me había invitado a compartir la nota. El Puma Rodríguez es una figura indiscutida de la canción romántica y su historia es bastante conocida. Pero a la hora de una entrevista cara a cara, es imprescindible estudiar hasta el mínimo detalle del personaje en cuestión. Así fue como me pasé la noche anterior tomando notas. Creo que ni El Puma sabía tanto de su vida como yo.

Pero ésta no pintaba para ser la típica entrevista pregunta-respuesta. Ya de entrada, La Mole me arrebató los apuntes para siempre.

Tampoco pintaba para ser la típica entrevista, periodista-artista, porque en este caso el artista mostraba admiración y hasta interés periodístico por la figura mediática del ganador de Bailando por un Sueño. Así, con humildad, El Puma comenzó tirándole flores a La Mole. “Fabio es una persona que quiero mucho. Vale la pena que cuente esto. Un día estaba en Los Ángeles y en la televisión latina vi el fenómeno de La Mole en ‘Bailando’ y una polémica muy fuerte entre él y Moria Casán, una persona que respeto, pero que decía tantos improperios, con tanta velocidad, que Fabio quedó estupefacto y aguantó como un varón. Pero la parte que más me llamó la atención, fue cuando luego le preguntaron a La Mole qué había pasado con Moria y él respondió: “chicos, no pude, me noqueó”.

“Yo siempre dije que en este medio hay dos personas con las que no hay que pelearse, Jorge Rial y Moria Casán, y lo primero que hice fue pelearme con Moria. Me trituró”, contestó La Mole.

El que interfiere luego es Mateyko: “Fabio, de alguna manera esto te fue enseñando…”

-Sí- contesta La Mole. Un día El Puma me dijo una gran verdad, las peleas se hacen de a dos, si uno se queda callado y no pelea, la pelea no existe”.

La conversación es amena, yo olvido que estamos al aire. El Puma continúa haciendo su descargo. “Cuando llegué por primera vez a este país, noté dos cosas, el culto a la familia y el culto a la amistad. Aquí se cree en la amistad y se la cultiva. La familia siempre va a ser la célula vital de la sociedad. Vos defendés eso, Mole, y yo también”.

El Puma Rodríguez acaba de mencionar la palabra familia y siento que por fin tengo la oportunidad de meter un bocado.

José Luis Rodríguez tiene tres hijas, Lilibeth y Liliana Rodríguez Morillo, producto de su primer matrimonio con la cantante Lila Morillo, y la menor, Génesis Rodríguez, hija que tiene con su actual esposa, la ex modelo cubana Carolina Pérez.

– Sos muy unido a tu familia, ¿cómo fue pasarte toda una temporada sin verlos?-, pregunto.
Mirá, la soledad es interior, no es física, es mental. Yo siempre estoy conmigo mismo, me aparto, me gusta el silencio, meditar, reflexionar. Pero uno sabe que todo es transitorio, que el mundo objetivo de las formas, de los nombres, en algún momento se va a ir. Entonces, lo que estoy haciendo no lo cuento como sacrificio, es lo que me gusta hacer de mi vida: cantar, bailar, entretener a la gente. Mirá a La Mole, para él tampoco es un sacrificio, siempre transmite alegría, bienaventuranza, y a la gente le gusta que le transmitan cosas positivas. Por cierto, creo que la Mole va a cantar, va a grabar cuarteto y lo va a hacer muy bien, porque tiene oído musical.

– Me hablás del buen oído de La Mole, pero ¿creés que tiene voz?
Claro, ¿no lo escuchás hablar?

En ese instante, La Mole Moli, que sigue aferrado a mis apuntes sin pretender devolvérmelos, me clava una mirada y me suelta: ¡Qué!, ¿me vei mudo a mí?
No, para nada, mi intención no es pelearme con La Mole. Les puedo asegurar que de cerca parece un edificio de carne.
De repente Fabio parece querer negociar conmigo y siempre sin soltar mis apuntes, me sugiere una pregunta señalándome la hoja con su dedo índice. (Un índice que parece mi mano completa). “Hacele esa pregunta que yo no la entiendo”, sugiere.

La pregunta tiene que ver con religión. En 1973, El Puma hizo pública su decisión de abandonar el catolicismo y se bautizó en el rito protestante, en San Juan de Puerto Rico. Inicialmente, su música se adaptó a este cambio religioso, volviendo después a su repertorio habitual, pero su forma de ver el mundo había cambiado. Entre otras cosas, tal como lo afirma usualmente, José Luis Rodríguez cree en la reencarnación. “Hay muchas vidas para un mismo espíritu, el cuerpo apenas es un disfraz”, supo afirmar.

– ¿Cómo te sienta el disfraz del Puma Rodríguez?
Estoy contento, no tengo complejos. Cuando era muchacho tenía una cantidad de complejos, pero creo que hay muchas vidas, muchos nombres, muchos cuerpos. Por ejemplo, la primera vez que hablé con La Mole, sentí que nos habíamos visto en otras vidas, porque hablás dos palabras y ya te conectás con el espíritu. Los espíritus se ven, se reconocen, se entienden y siguen. Hay cosas y gente que vas esquivando porque las conocés de vidas pasadas y no te llegan. Mirá esto, toda la raza humana y el universo son creaciones de Dios y todo es transitorio, nacemos, crecemos, vivimos y morimos. Todo lo que nace tiene que morir, los animales, las plantas, los minerales y por supuesto el hombre. Yo creo en la reencarnación, porque si no sería injusto un pedacito de vida para llenarlo y saberlo todo. Una persona que vive 60 años pasa 20 años durmiendo, 5 comiendo, 5 arreglando el cuerpo, 5 comprándole ropa al cuerpo, y en definitiva se te pasa la mitad de la vida dedicada al cuerpo, pero no al espíritu. Y si te ponés a contar el tiempo que pasás mirando televisión o hablando boberías por ahí, de los 60 años te quedan sólo 17 para vivir. Como el tiempo que nos queda es poco, lo que cuenta para mí es el hoy, este momento.

– “Los errores que uno cometió ayer los debería corregir hoy…”, – agrega Juan Alberto Mateyko, dándole pie a su amigo para que redondee su idea.
El Puma Rodríguez mira por la ventana hacia al lago San Roque como buscando un manojo de palabras, y finalmente las encuentra. “Mirá Mateyko, el ser humano se tropieza varias veces con la misma piedra, a mí me ha pasado varias veces. Los animales son más astutos que uno en ese sentido. Si el elefante ve que lo dañan en un sitio, no pasa más por ahí; nosotros en cambio olvidamos muy rápido. El intelecto es superior que la mente, si le das rienda suelta a todos los pensamientos de tu mente, te volvés loco. La mente está diseñada para pensar las 24 horas del día y no le podés dar rienda suelta.

“Hola Mateyko y equipo. Hace mucho tiempo cuando El Puma estaba actuando en Feriar, yo estaba con mis cinco hijos, recién separado y mal de ánimo. El Puma se me acercó, me miró a los ojos, y nos habló a mis hijos y a mí con una ternura y una sabiduría increíbles. Te juro Mateyko, me ayudó muchísimo,  nunca me olvidaré de ese momento, siempre le estaré agradecido. Permítanme rendirle un tributo eterno”. Héctor.

El mensaje del oyente logra que los ojos del Puma se agranden y sus cejas se arqueen, esbozando un gesto de sorpresa. “Qué lindo”, atinó a decir.

Mateyko, con gimnasia periodística y la memoria privilegiada de un amigo de muchos años, aprovecha para recordarle sobre aquella mujer no vidente que siempre iba a verlo al…
-“Norma”-, se anticipa El Puma, antes de que Juan Alberto termine de decir “Luna Park”.

Y el diálogo continúa. “Otra persona que tiene una profunda admiración por vos es Estela Raval,” asegura Mateyko.

Justamente Estela Raval, integrando Los Cinco Latinos, como también The Platters, fueron la musa inspiradora de Los Zeppis, la primera banda que conformó El Puma Rodríguez en los albores de su carrera.
“Bailamos mucho los discos de Los Cinco Latinos, los imitábamos y Estela Raval fue muy grande, muy importante en Venezuela. Echábamos talco en el piso para poder deslizarnos bien, porque no era liso. Ella fue muy importante para mí”, asegura El Puma.

Pero ya lo afirmó párrafos arriba, al Puma Rodríguez no le interesa demasiado pensar en el pasado, y su presente (que ya no es éste) en el instante de esta entrevista, era el teatro, la temporada teatral que lo trajo a Carlos Paz. Y él no quiso despedirse de Córdoba sin agradecer a Pamela David, “porque es difícil encontrar belleza, humildad y generosidad en una misma mujer”; a Virginia Gallardo, “una muchacha que tiene un ímpetu impresionante, con ganas de vivir la vida, de trabajar, de hacer”; a La Mole Moli, “a quien creo que conozco de muchas vidas y que es un muchacho grande, un ser transparente, que con sólo mirarlo uno se siente complacido”.
(En ese instante La Mole Moli, sonrió como un niño de 11 años. La comezón en la ingle no se detenía.)

Y El Puma continuó arremetiendo con agradecimientos a mansalva a todo el equipo con el que trabajó, “que siempre buscó el punto de contacto y no de conflicto”; a Gladys Florimonte, que “nombrarla es nombrar a una escuela de arte, a una institución”.

Y como postre dejó el agradecimiento final para su gran amigo de la vida y conductor de La Movida del Verano.
“Con Juan Alberto Mateyko nos conocemos desde hace mucho tiempo. La vida es cíclica. Hace un par de años, cuando lo vi entrar al Hilton en Buenos Aires, parecía que traía 600 kilos en el hombro, venía como doblado del pesar. Él me comentó sobre la propuesta que le habían hecho en Córdoba y me bastó sólo un segundo para que Dios me informara y le diga: ‘mirá, prepará las maletas y andá’. Cuando eso sucedió, nunca me imaginé que nos íbamos a encontrar aquí, pero el director de esta obra, que es Dios, nos puso juntos otra vez”. (Ahora El Puma lo mira a los ojos y cambia la tercera persona del singular por la segunda). “Y realmente admiro la capacidad y la pasión que tenés para trabajar, porque naciste para esto. Respeto mucho tu trabajo, te respeto como amigo, como hermano y me dio mucha felicidad que Dios nos reencontrara”.

La última frase tiene muchos destinatarios. “Gracias a todos por el gran momento que me hicieron pasar”.

En pocos instantes, la esbelta silueta del Puma Rodríguez comienza a alejarse por la misma pasarela que ingresó. Con Mateyko lo vemos partir, mientras el operador hace sonar ‘De Punta a Punta’. “Vino con un esplendor…”, dice Juan Alberto, fuera de micrófono.

Por su parte, La Mole Moli se quedó unos instantes sumergido en sus pensamientos, el ceño fruncido, la mirada clavada en la costanera del San Roque.
De repente tuerce la boca: “No me quedó muy claro eso de la reencarnación…”

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